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Sancha Szymkowiak (1910-1942)

Beata Sancha Szymkowiak
Ya en su familia aprendió a amar intensamente al Sagrado Corazón de Jesús, y con este espíritu fue muy bondadosa con todos, especialmente con los más pobres y necesitados. Empezó a llevar ayuda a los pobres, primero como miembro de la Asociación mariana y de la Asociación de la Misericordia de San Vicente; después, una vez abrazada la vida religiosa, se dedicó al servicio de los demás con mayor fervor. Aceptó los tiempos difíciles de la ocupación nazi como ocasión para consagrarse completamente a las personas necesitadas. Consideraba su vocación religiosa como un don de la Misericordia Divina.
Juan Pablo II, Parque Błonia, Cracovia, 18 de agosto de 2002

 

Ángel de la bondad, como la llamaban sus contemporáneos. Vivió apenas 32 años y tomó los votos perpetuos cuando ya se encontraba en su lecho de muerte. Tenía un objetivo definido del que no temía hablar: quería ser santa.

Viajó a Francia en 1934. Allí participó de una peregrinación a Lourdes, que resultó ser un punto de inflexión en su vida: Janka decidió no volver a casa y postularse como oblata; cosa que no ocurrió debido la decisiva intervención de su familia y la joven regresó rápidamente a Polonia. De todas maneras, no abandonó su sueño de vida religiosa. Contó con el apoyo de su hermano, Fray Eryc, y al poco tiempo pudo entrar en el convento de las Hermanas Seráficas. El 27 de junio de 1936 pidió ser aceptada en la casa provincial de Poznań.

A pesar de haber recibido educación, eligió tareas más simples del convento: tutora, profesora, traductora, portera y encargada del comedor. Era extremadamente dedicada y cuidadosa; tanto, que la llamaban “La regla viviente”. “Para ofrecerse a Dios es necesario renunciar”, decía ella.

Cuando llegaron los terribles días de la ocupación nazi, Alemania impuso un arresto domiciliario de tres meses para las hermanas. Sancha transmitía paz y esperanza donde fuera que estuviera. Los prisioneros franceses e ingleses, por quienes arriesgó su vida al servir como traductora, la llamaban “el ángel de la bondad” y “Santa Sancha”.

El trabajo, el hambre y el frío provocaron que se enfermara gravemente. A inicios de julio de 1942 hizo los votos perpetuos y murió menos de dos meses después.

El Papa Juan Pablo II beatificó a Sor María Sancha durante una misa en Parque Błonia de Cracovia en 2002, no muy lejos de la Casa General de las Hermanas Seráficas, la congregación a la que la joven hermana entregó su corazón y su vida.

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